Mashiaj y el Sacrificio de Para Aduma (Videos)

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Bamidbar 19:2 “Este es el estatuto de la Torá que HaShem ha ordenado, diciendo: “Di a los hijos de Israel que te traigan una novilla roja sin defecto, que no tenga manchas y sobre la cual nunca se haya puesto yugo.” – Este versículo dice que el mandamiento de la vaca roja es el juk, o la juká, más importante de la Torá. Como hemos dijo antes, los mandamientos de carácter juk son los que no tienen una explicación lógica o clara en la Torá.

Los mandamientos que tienen en nombre de juk o juká, están conectados de una manera especial con el Mesías. Como aquí tenemos la juká por excelencia, hay una conexión muy íntima en todo este rito con el Mesías.

Esta novilla tiene que nacer con un color diferente a las otras vacas. No puede tener dos pelos que no sean rojos. Cuando hay necesidad de un animal de este tipo, HaShem hace que nazca. La novilla tenía que tener al menos tres años de edad y no podía haber estado bajo un yugo. Los tres años hacen alusión a los 30 años de la edad que el Mesías tenía que tener cuando fue hecho un sacrifico para limpiar al pueblo. En el tiempo del segundo templo fue comprada por los fondos recogidos en la recolecta anual del medio shekel de cada judío.

Con las cenizas de esas vacas se prepararon las aguas de purificación, que fueron guardadas en las casas de los sacerdotes por todo el territorio de Israel, para que los que habían estado en contacto con algún muerto pudieran purificarse durante siete días, conforme al mandamiento. Hacía falta muy poca ceniza para mucha agua. Así que, las cenizas del sacrificio de una vaca duraban muchos años. Según la Mishná y el Midrash, en total se han sacrificado nueve vacas rojas en la historia de Israel. Las cenizas de la primera vaca duraban hasta el tiempo de Ezrá. Durante su tiempo se preparaba una segunda vaca. Durante el tiempo de Shimón Hatsadik fueron quemadas dos más, y otras dos fueron preparadas en el tiempo del sumo sacerdote Jojanán. Después de él hasta la destrucción del segundo templo fueron quemadas tres vacas, en total fueron nueve. Es posible que la décima sea en relación con la venida del Mesías.

Bamidbar 19:3 “Y la daréis al sacerdote Elazar, y él la sacará fuera del campamento, y será degollada en su presencia.” – En el tiempo del segundo templo había un altar fuera de las murallas de Yerushalayim, en el monte de los Olivos, enfrente de la entrada del templo, llamada “la dorada”. Desde ese altar había un puente que pasaba sobre el valle de Kidrón (Cedrón), donde estaban las tumbas de los israelitas que esperaban la venida del Mesías y la resurrección de los muertos. Ese puente estaba comunicando directamente con la entrada oriental del templo y fue usado especialmente por los sacerdotes y los levitas cuando iban a entrar en el templo para ministrar. Si hubieran pisado sobre las tumbas en ese lugar, se hubieran contaminado, y tendrían que esperar siete días más para poder ministrar. El puente evitaba el contacto con la muerte, y así los sacerdotes y los levitas podían pasar directamente desde el altar donde se había quemado la vaca roja, hasta el templo. Ese altar estaba en una línea directa desde el arca en el lugar santísimo, pasando por el altar de oro en el lugar santo, el altar de bronce en el atrio y la puerta dorada de la muralla.

No se podía comer de ese altar, es decir, los sacrificios o los restos de los sacrificios que fueron quemados allí, no podían ser ingeridos, como está escrito en Hebreos 13:10-13: “Nosotros tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que sirven al tabernáculo. Porque los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es llevada al santuario por el sumo sacerdote como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Yeshúa, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Así pues, salgamos a él fuera del campamento, llevando su oprobio.”

Se habla aquí de “nosotros” en referencia a los judíos. Nosotros, los judíos, tenemos un altar del cual no tienen derecho a comer los que sirven en el templo. Aquí hay una clara referencia al altar que todavía estaba en el monte de los Olivos cuando la carta fue escrita a los hebreos. En esa misma línea, que llegó desde el lugar santísimo, pasando por los tres altares y subiendo hasta el monte de los Olivos, nuestro Mesías Yeshúa fue ofrecido como un sacrificio expiatorio por los pecados de Israel y las naciones. En algún lugar del Monte de los olivos tenía que haber muerto, para cumplir la imagen que proyectaba la sombra en el culto del templo.

Bamidbar 19:4 “Entonces el sacerdote Elazar tomará con su dedo de la sangre, y rociará un poco de sangre hacia el frente de la tienda de reunión, siete veces.” – El sacerdote encargado de sacrificar la vaca roja recoge algo de la sangre en su mano izquierda y sumerge su índice derecho dentro de ella y salpica en la dirección de la entrada al templo que se puede ver desde la montaña. Esto nos muestra que el lugar donde fue quemada la vaca roja tenía que estar situado enfrente de la entrada de templo, en línea recta. Está escrito que los animales siempre tenía que ser sacrificados “delante de HaShem”, es decir, al oriente del lugar santo. Es como si el Eterno estuviera mirando desde el lugar santísimo pasando por el velo y luego hacia fuera, en dirección al occidente. Por lo tanto, también el sacrificio del Mesías tenía que ser hecho delante de la entrada del templo en Yerushalayim, en el monte de los Olivos, y no detrás del templo, como indican las dos tradiciones cristianas. La imagen que proyecta la sombra no puede indicar un lugar detrás del Eterno, a espaldas del templo porque todos los sacrificios tienen que ser presentados delante del Eterno, para que sean agradables, como está escrito en Levítico 1:3: “Si su ofrenda es de ascensión del ganado, ofrecerá un macho sin defecto; lo ofrecerá a la entrada de la tienda de reunión, para que sea aceptado delante de HaShem.”

En Levítico 3:7 está escrito: “Si ha de presentar un cordero como su ofrenda, lo ofrecerá delante de HaShem.”

En Levítico 6:25 está escrito: “Habla a Aharón y a sus hijos y diles: “Esta es la Torá de la ofrenda por el pecado: la ofrenda por el pecado será ofrecida delante de HaShem en el mismo lugar donde el ofrenda de ascensión es ofrecido; es cosa santísima.”
19:5 “Luego la novilla será quemada en su presencia; todo se quemará, su cuero, su carne, su sangre y su estiércol.” – Toda la vaca es quemada lo cual habla de la entrega total del Mesías Yeshúa. 19:6 “Y el sacerdote tomará madera de cedro, e hisopo y lana carmesí, y los echará en medio del fuego en que arde la novilla.” – Los tres objetos, madera de cedro, hisopo y lana carmesí, tenían que ser añadidos para producir las cenizas que luego fueron mezcladas con el agua para que sirvieran de purificación. De esto se puede suponer que el madero horizontal sobre el cual el Maestro fue colgado, era de cedro.

Es probable que Yeshúa haya sido colgado en un árbol, probablemente en una higuera, que crecía en el monte de los Olivos. Adam y Javá tomaron hojas de higuera en el lugar donde se introdujo el pecado, cerca del árbol de la ciencia que probablemente estaba en el monte de los Olivos, cf. Génesis 3:7. Yeshúa maldijo una higuera cuando pasó por ese camino al entrar en la ciudad poco antes de su muerte, cf. Marcos 11:21. Estas cosas indican que él haya sido colgado en una higuera, y los dos ladrones en el mismo árbol, uno a la derecha y otro a la izquierda, cf. Lucas 23:33. Es lógico llegar a esta conclusión por el hecho de que cuando el soldado romano iba a romper las piernas de los tres colgados, se fue primero a uno de los ladrones y luego a otro, y finalmente llegó a Yeshúa y vio que ya estaba muerto, cf. Juan 19:32-33. Si los tres hubieran estado en una línea, con Yeshúa en medio, no tiene sentido que el soldado haya saltado sobre el Maestro para ir de un ladrón a otro. Lo más lógico es que hayan sido colgados como en un triangulo en el mismo árbol. El palo horizontal, sin embargo, parece haber sido de cedro, según este texto.

El hisopo se usaba para la purificación, para rociar la sangre y el agua. Se usó en la salida de Mitsrayim para untar sobre las puertas. Se usó en la purificación de los “leprosos” y aquí se usa otra vez para purificar de la contaminación de la muerte.

En Hebreos 9:19-22 está escrito: “Porque cuando Moshé terminó de promulgar todos los mandamientos a todo el pueblo, conforme a la Torá, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo, diciendo: esta es la sangre del pacto que Eloah os ordenó. Y de la misma manera roció con sangre tanto el tabernáculo como todos los utensilios del ministerio. Y según la Torá, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.”

Ahora bien todo esto no puede hacer concluir, en que así mismo como existen pecados, también HaShem permite la forma de purificación de los mismos, y esta Parashá nos demuestra una vez que para nuestro pueblo no todo está perdido, que siempre hay una esperanza, por eso siempre y por siempre podemos decir como judíos ani maamin be’emuna shelema!!! (Yo creo con certeza en la venida de La Mesias )

Pero dejo una pregunta para internalizarla cada uno de nosotros personamente:

1.- ¿Estamos realmente conscientes de lo que significaría el nacimiento de una Vaca Roja en nuestros día?
2.- ¿Sabemos lo que implicaría la reconstrucción del Bet Hamikdash en nuestros días?
3.- y tu como judío ¿Estás preparado para comenzar a llevar los sacrificios respectivos al templo?


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